FOTOGRAFÍA / OVER IT COLOMBIA

“HAY DE TODO”“HAY DE TODO”

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En la calle se escuchaba a los dealers de droga mencionar por debajo “Hay de todo” disimulando mientras pasaban policías a metros. Día a día las caras se hacían conocidas en las mismas esquinas insistiendo “Hay de todo”. La rutina de ellos era muy parecida. El Último día en la bahía empece más temprano que Juan y Alan, simplemente quería disfrutar en bike las últimas horas en esas calles. Mi bike estaba sin aire, caminando llegue a la esquina y los repartidores me miraron con cara de hacer negocios. Después de intercambiar unas palabras les pregunté donde podría inflar mi bike, uno de ellos hizo señas y se asomó desde el balcón de enfrente un personaje. El personaje resultó ser el dueño de ese balcón lleno de flores y colores, dueño de esa esquina, dueño del almacén que justamente no vendía alimentos. Aquel personaje bajó a la calle e insistió que le gustaría inflar mi bike. Tenía un inflador precario de mano, terminó de darle presión a la rueda y muy contento me saludó despidiéndose “A la orden parce, hay de todo”.

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En la calle se escuchaba a los dealers de droga mencionar por debajo “Hay de todo” disimulando mientras pasaban policías a metros. Día a día las caras se hacían conocidas en las mismas esquinas insistiendo “Hay de todo”. La rutina de ellos era muy parecida. El Último día en la bahía empece más temprano que Juan y Alan, simplemente quería recorrer en bike las últimas horas en esas calles. Mi bike estaba sin aire, caminando llegue a la esquina y los repartidores me miraron con cara de hacer negocios. Después de intercambiar unas palabras les pregunté donde podría inflar mi bike, uno de ellos hizo señas y se asomó desde el balcón de enfrente un personaje. El personaje resultó ser el dueño de ese balcón lleno de flores y colores, dueño de esa esquina, dueño del almacén que justamente no vendía alimentos. Aquel personaje bajó a la calle e insistió que le gustaría inflar mi bike. Tenía un inflador precario de mano, terminó de darle presión a la rueda y muy contento me saludó despidiéndose “A la orden parce, hay de todo”.

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